El 24 de octubre de 1902, el volcán Santa María, ubicado en el departamento de Quetzaltenango, protagonizó una de las erupciones más devastadoras de la historia de Guatemala, dejando profundas huellas en la población y en la economía de la región.

Según relatos de la época, durante los días previos se registraron sismos de baja intensidad y se escucharon retumbos que aumentaron conforme se acercaba el momento de la erupción. La tarde del 24 de octubre, alrededor de las cinco, una enorme explosión estremeció la región, acompañada de la expulsión de grandes cantidades de arena volcánica y piedra pómez.

La magnitud del fenómeno fue tal que, según documentos históricos, la nube de ceniza se extendió a grandes distancias, alcanzando distintas regiones de México y, de acuerdo con algunos relatos, incluso lugares tan lejanos como San Francisco, California.

Estudios posteriores determinaron que la erupción estuvo asociada con el colapso de un domo volcánico y generó flujos piroclásticos, compuestos por gases, ceniza y fragmentos de roca a temperaturas extremadamente elevadas, capaces de arrasar todo a su paso.

La oscuridad provocada por la nube de ceniza persistió durante varios días. Según las crónicas, el cielo comenzó a despejarse hasta el 29 de octubre.

CONSECUENCIAS DEVASTADORAS PARA LA REGIÓN

Los efectos de la erupción se hicieron sentir en distintos ámbitos de la vida cotidiana. La acumulación de arena volcánica provocó el colapso de techos de viviendas, obstruyó tuberías y dificultó el acceso al agua potable. También se reportó la muerte de animales y la destrucción de importantes plantaciones de café y caña de azúcar.

La emergencia generó escasez de alimentos y granos básicos, agravando las condiciones de vida de las familias afectadas.

Ante esta crisis, la Municipalidad de Quetzaltenango acordó destinar fondos para la compra de víveres destinados a los damnificados. Asimismo, solicitó al Gobierno autorización para adquirir 10,000 quintales de harina, distribuidos en compras mensuales de 2,000 quintales, con el propósito de atender la escasez de alimentos. También se planteó la compra de ganado procedente de Honduras y México para contribuir a enfrentar la crisis.

A 124 años de aquel acontecimiento, la erupción del volcán Santa María permanece en la memoria histórica como uno de los desastres naturales más impactantes que ha vivido Quetzaltenango, un episodio que transformó el paisaje y marcó profundamente a sus habitantes.

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